El sueño comienza y estoy en una habitación blanca con una sola puerta de entrada y salida. No hay ningún mueble ni nada que decore la habitación, simplemente eso: blancura. Intento abrir la puerta, pero no puedo. Soy consciente de que estoy en el interior de mi mente, porque he entrado en coma o porque me han inducido algo, pero no sé qué: sólo sé que tengo que salir de esa habitación para volver a la realidad. De repente aparecen varios amigos míos (representaciones de mi imaginación) atravesando la pared. Me dicen que salga de aquí, pero yo les digo que no puedo salir de la habitación, que para ellos es muy fácil porque pueden atravesar las paredes, pero yo no, a lo que ellos me contestan que es mi mente, que aquí mando yo: si quiero ser traspasable, lo seré. Al instante me lanzan unas llaves, que me atraviesan como si fuera humo. Me dirijo a la puerta y la atravieso, apareciendo en un pasillo con paredes, suelo, todo negro, iluminado pobremente con unas luces rojas en las paredes. A ambos lados del pasillo hay puertas, también negras, con el marco y el pomo dorados.
Continúo andando hasta que llego a una puerta, que abro. Da a una especie de baño con un espejo. Al mirar en él me devuelve un reflejo que me da miedo, pero no recuerdo qué era; creo que me veía a mí mismo pero muy siniestro y malvado. Salgo corriendo de la habitación y sigo andando por el pasillo, ahora más deprisa. Llego a una especie de pasillo principal al que dan otros muchísimos pasillos iguales que el que acabo de dejar. Me tiro un buen rato dando vueltas por los pasillos buscando algo muy concreto (pero no sé qué coño era), hasta que finalmente me paro ante otra puerta. La abro y da a mi habitación, donde están unos amigos. Sé con certeza que es un recuerdo, pero ahí está lo que iba a buscar (que insisto, ni idea). Al salir de la habitación, por alguna razón que resulta temible (es muy malo que ocurra) se han apagado las luces de los pasillos, con lo que no veo nada ni me puedo orientar para volver a la habitación blanca, donde he de regresar. Me meto de nuevo en la habitación y cojo una linterna del recuerdo, que tiene luz curiosamente también roja y me ilumina pobremente el camino de vuelta. Me empiezo a poner nervioso porque es un maldito laberinto y no encuentro el pasillo correcto. Al pasar junto a una “intersección” veo una mesita con un teléfono que empieza a sonar. Me quedo extrañado pero lo cojo. En cuanto me pongo el auricular en la oreja, suena el mensaje “El teléfono al que llama se encuentra apagado o fuera de cobertura en este momento”. Me quedo aún más extrañado y…. ahí termina el sueño. Yo lo llamo sueñus interruptus.

